Lleida Ciudad

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Los orígenes de la ciudad de Lleida se remontan al siglo VI a.C., cuando la tribu íbera de los Ilergetas eligió la llamada Roca Soberana –una de las tres terrazas de la ciudad antigua– para erigir un poblado amurallado, bajo el nombre de Iltirda.

Su posición estratégica, convertiría la población en objeto de deseo de conquistadores que, aunque sobrevivió a los Cartagineses, cayó bajo el yugo romano en tiempos de Indíbil y Mandonio, caudillos ilergetas, tomando el nombre de Ilerda.

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Durante la época romana, la ciudad prosperaría y estas tierras serían escenario de batallas como la que enfrentó al mismísimo Julio César con los ejércitos de Pompeyo. Posteriormente, los visigodos la llamarían Lerita; los árabes Larida y no sería hasta la reconquista cristiana en 1149, de la mano de Ramon Berenguer IV, que la ciudad tomó su nombre de Leyda,hoy Lleida.

Posteriormente, vendrían épocas de esplendor con la Carta de Población (1150) o la fundación del Estudio General (1300) –primera y única universidad de la Corona de Aragón–; y otras de recesión como la Guerra de los Segadores (1640-1652) o el decreto de Nueva Planta de Felipe V, en el que la ciudad pierde su autogobierno, la Universidad y se cierra al culto su catedral, la Seu Vella, para reconvertirla en cuartel. Habrá que esperar hasta el siglo XVIII para que Lleida retome su posición y empiece a ejercer su capitalidad sobre un extenso territorio y dar paso a un convulso siglo XIX en el que la invasión napoleónica se contrapone a la prosperidad de la segunda mitad, con la llegada del ferroscarril o el primer plan urbanístico moderno. El siglo XX, diezma la ciudad que queda con 40.000 habitantes después de la Guerra Civil (1936-1939). Posguerra y una reconstrucción imparable que da lugar a la ciudad moderna que es hoy.

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Lleida cuenta con uno de los ejes comerciales y peatonales más largos de Europa que a su paso ofrece uno de los itinerarios monumentales más encantadores de la ciudad. Rincones, pequeños y grandes, que hacen del paseo comercial una visita histórica.

Desde la iglesia de La Sang, en el extremo de la calle de San Antonio, el recorrido se adentra en el corazón del Eje Comercial hasta llegar a la Catedral Nueva y el antiguo Hospital de Santa María.

Ya en la calle Mayor, esquina con la calle Cavallers, se encuentra la capilla de Sant Jaume, punto de peregrinación de la Ruta Catalana del Camino de Santiago.

La edad media dejó en Lleida, además de un elenco infinito de calles bautizadas con el nombre de los gremios artesanos, magníficas construcciones como las iglesias de San Martín y San Lorenzo. Partiendo desde la iglesia de San Martín (XII) -en la parte alta de la ciudad-, nos adentramos en el Centro Histórico hasta la antigua Lonja de Contratación, conocida en el siglo XII como El Almudín y actual sede del Centro de arte contemporáneo La Panera.

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Más adelante, la iglesia románica de Sant Llorenç (XII) que atesora magníficos retablos góticos y un campanario octogonal, fruto de intervenciones posteriores.

Hablar de Lleida es hablar del conjunto monumental del Turó de la Seu Vella, candidato a ser reconocido por la UNESCO Paisaje Urbano, Histórico y Cultural, donde se incluyen los elementos patrimoniales de la Seu Vella, el Castillo del Rey, y la fortificación .

La Seu Vella (Seo Antigua) preside un conjunto monumental único. Iniciada su construcción en 1203 con planta basilical de cruz latina de tres naves y de la mano del maestro Pere de Coma, se consagró al culto en 1278 en honor a Santa María.

Pero no sería hasta el 1431 que, con la construcción del campanario, se darían por finalizadas las obras. Doscientos años en los que las influencias toscana, tolosona y provenzal crearon escuela. La catedral atesora tapices, esculturas y objetos de culto, muchos de ellos expuestos hoy en el Museu de Lleida, cuyo fondo sacro es un referente patrimonial.

La Puerta del León da acceso a un apasionante conjunto monumental en el que en la época medieval convivían clero y corona. En la catedral, el obispo; en La Suda, el rey.

Si la Seu Vella, en su condición de catedral, gozaba de gran poder y riqueza; el Castillo del Rey -construido sobre una antigua fortaleza musulmana (sua) - se escribieron no menos pasajes históricos. Refugio del último califa de Córdoba, el Castillo del Rey - La Suda fue testigo del nacimiento de la Corona de Aragón o del juramento de fidelidad de los nobles catalanes y aragoneses al entonces Infante Jaime, que será recordado como Jaume I, El Conquistador.